“-¡La serpiente de fuego es
caballería!
-Hubiese preferido que fuese un
dragón…”
13 Warriors
24 de
marzo de 2018...una fecha para recordar, despertamos a las dos de la mañana y
dando así comienzo al ritual de vestirse, calzarse, ponerse el chaleco con lo
necesario para salir a tiempo para tomar el autobús al corral.
Sin
novedad entramos al corral, hacía un poco de frío, pero se notaba poco debido a
los nervios,
300 corredores listos para enfrentar la montaña más alta de México...creo que la palabra “convivir”
era más correcta, pero la mentalidad era guerrera, la mentalidad era de lucha y no de ir fluyendo, no de ser uno con ella, si no de conquistar...ese error nos costó caro.
300 corredores listos para enfrentar la montaña más alta de México...creo que la palabra “convivir”
era más correcta, pero la mentalidad era guerrera, la mentalidad era de lucha y no de ir fluyendo, no de ser uno con ella, si no de conquistar...ese error nos costó caro.
Iniciamos
la carrera en las calles a las 5:00 am, comenzamos a bajar los escalones,
subimos y
volvimos a bajar y en 10 km subimos a 1000 mts de altimetría, complejo, demandante, agotador, pero satisfactorio, parecíamos "le serpiente de fuego" del treceavo guerrero, salimos a correr a las veredas de los pueblos aledaños, todos los pobladores nos esperaban afuera de sus viviendas para alentarnos.
volvimos a bajar y en 10 km subimos a 1000 mts de altimetría, complejo, demandante, agotador, pero satisfactorio, parecíamos "le serpiente de fuego" del treceavo guerrero, salimos a correr a las veredas de los pueblos aledaños, todos los pobladores nos esperaban afuera de sus viviendas para alentarnos.
Vimos al
pico de Orizaba en la obscuridad y pudimos observar con toda claridad como
despuntaba el alba, transformando la oscuridad en diferentes tonalidades hasta
volverla luz, una luz que nos calentó los rostros, seguimos a trote vivo solo
para volver a descender un poco más adelante, internándose en una cañada, en la
mismísima la montaña.
Volvimos
a avanzar un poco ascendiendo, encontrándonos unas mágicas casas hechas de
madera donde fue más silenciosa la bienvenida, pero el sonido del río que
pasaba por allí era maravilloso.
Subimos
nuevamente, atravesando bosque y vereda, empedrado y lodo, tierra seca y
aserrín.
Estábamos
frente al primer puesto de control, recargamos las ánforas, comimos algo frugal
y volvimos a salir trotando, todo el pueblo estaba despierto, los vítores,
porras, ánimos y aliento era algo indescriptible.
Seguimos
ascendiendo, más y más, por caminos, luego veredas, finalmente lugares donde
con dificultades cabía una persona, pero eso no nos detuvo. Los bastones
apoyaban a las piernas, era un trabajo para cuatro extremidades, no para
dos...o nos faltaba experiencia y fuerza al menos.
Llegamos
a un poblado más, con camino de cemento, las casas un poco más grandes, otras
enormes, pero lo que predominaba era la madera, era una población o varias, que
trabajaban, vivían y transforman dicho recurso.
Abandonamos
la población para volver a descender, de un lado pared, de otro lado… nada que detuviera
tu caída si no tenías cuidado donde pisabas.
El ascenso se volvía más complejo, rebasamos más de lo que nos
rebasaron, en ese punto nos encontramos a una corredora adorabe, con ella
llegamos a la altura máxima de la carrera de 55 km y el segundo corte.
Esto
antes de las 12:00hrs, tiempo límite para dicho corte. Nos volvimos a cargar de
cosas que nos faltaban, comimos una papa asada con sal, la cual nos ayuda a
llenar el estómago así como a retener un poco del vital líquido, grandiosa
anotación.
Tomamos
un poco de refresco de cola que nos te re-ánimo, unos cuartos de naranja y…
¡listo!
Salimos
disparados en el descenso, pues cronos venía pisándonos los talones, su paso
era lento, monótono, pero constante, sin fatiga, con toda la paciencia. Pero
eso no era todo, a su favor, el, confiaba en los desgastados y hasta algún
inexperto o novatos corredores.
Pasamos
por la casa del héroe caído del pueblo, un grandioso corredor que ahora recorre
infatigable veredas que nos son inalcanzables a los simples mortales. Esto nos
recarga más de energía que las naranjas o los electrolitos que nos dan en ese
mágico punto de abastecimiento...es la fuerza, la magia, la determinación que
irradia la casa la que te impulsa a seguir...y el sonido de las pisadas del titán
que viene por ti.
Corremos,
trotamos y caminamos a paso vivo por las pocas veredas que nos permiten
acelerar el paso, pero volvemos a bajar, subir, bajar, subir hasta llegar al
río, un río que debimos rodear, bordear y atravesar en al menos media docena de
ocasiones, en una de ellas se desgajó la orilla donde estaba por brincar y el
agua nos llegó hasta la cintura.
Al
terminar la última barra de proteína y el último trozo de chocolate...unas
náuseas nos invadieron de la nada...como un puñetazo en el estómago...perdimos
un poco el equilibrio, y el dedo pequeño fue mordido inmisericordemente por mi
colmillo, en el intento de apretar con fiereza y desesperación un punto de
acupuntura para evitar las náuseas o disminuirlas (enseñado por un
dentista)...para mí agrado, como había pasado anteriormente, el punto funcionó,
evitándose así perder sales, alimento y fuerza… el mal de montaña no era un
mito.
Terminados
de bordear el río vivo e inmediatamente debimos brincar como cabras de monte
entre las lozas piedras de un río ahora seco...desde las grandes como llantas
de automóvil, las medianas del tamaño de cabezas humanas, hasta las que eran
perfectas para formar una calle empedrada de Teotihuacán.
En el
trayecto encontramos tantas bellezas, tanta magnificencia que la montaña te
enseña que puedes pasar a través de ella, que puedes pasar como un lince o una
cabra, como un caballo o como un pez... pero debes hacerlo CON ella y no CONTRA
ella, debes ir en un plan de fluir con el camino, de adaptarse a la montaña.
Los
últimos kilómetros iba a un paso constante, pero de manera mecánica, vi el
reloj y escuche una carcajada enorme retumbar en las paredes de la montaña…
¡TIEMPO!, ¡YO GANE!... Así grito Cronos... ¡Maldito titán!, estaba a 7 minutos
del último punto de control y nos faltaban 7 kilómetros, en ascenso y
descenso... no conozco ser viviente que recorra esa distancia, en este tipo de
terreno o en cualquiera, no en el tiempo requerido…
Llegamos
una hora después del corte, fuimos descalificados, la carrera nos superó, el
reto fue mayor regresamos a la meta, después de 11 horas de carrera y 43 kilómetros,
el UltraMaratón de Alta Montaña, el pico de Orizaba, nos había regresado a
nuestro lugar.
No
terminamos el reto, pero aprendimos como es el terreno, como se siente el aire
enrarecido, como pesan las manos y se hinchan los pies, como falta el oxígeno y
nos queman las piernas, como sentimos que se parte la espalda con las subidas,
que debemos perder peso y ganar fuerza.
Pero sin
duda alguna la lección más importante es que aunque los retos nos superen de
momento, siempre nos enseñan cosas, humildad en este caso, respeto y que el
siguiente año regresaremos mucho más fuertes, con la mentalidad diferente, sin
contratiempos menores así como con muchos más kilómetros de experiencia.
Gracias
UMAM, gracias Pico de Orizaba, gracias a todos los que me apoyaron desde el
inicio, cuando me inscribí y hasta que termine. Estando de manera física o no,
nunca corro solo.
Dedicado
a todos los pioneros...






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